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Vuelta a Divini Redemptoris

/ marzo 17, 2017 / Vuelta a Divini Redemptoris

Por @edgardoricciuti de @VFutura

Resulta comprensible el creciente y amplio rechazo hacia Bergoglio en los últimos meses; no puede sorprender, visto su afán en solidarizarse con posturas infaustas que van desde su comentario blando hacia ISIS, hasta el patrocinio de un diálogo en Venezuela. La Iglesia venezolana ha dado signos de valentía distanciándose de la postura de Bergoglio y de su embajador Giordano, por tanta condescendencia con el régimen comunista de Venezuela. Evitaré por decoro toda discusión bizantina y vacua en torno a los fundamentos de la política del actual Papa y del Nuncio Aldo Giordano, invitando a quien quiera ahondar en ese argumento, la lectura del documento de Joseph Ratzinger, Libertatis Nuntius.

Considero más útil y oportuno exponer brevemente el hecho de que uno de los pilares fundamentales del catolicismo es antagónico a los principios del actual pontífice, atreviéndome a sintetizarlo con la siguiente frase: nada en el plano terrenal es más importante que el ser humano.

Tal aseveración emana del pensamiento de Jacques Maritain (insigne exponente del neotomismo del siglo XX) quien, al posicionar al hombre en el peldaño más elevado de la creación por su capacidad racionalizadora y única entre todos los seres vivos, logra disminuir y anular toda ideología, ordenación, credo o estructura política que exija el sacrificio del hombre para poder concretarse en la realidad.

En otras palabras, ningún plan, objetivo o causa terrenal posee legitimidad alguna para oprimir, esclavizar, violar y torturar al hombre.  La condena y rechazo por parte del filósofo hacia toda política que posea objetivos totalitarios son categóricos, sean éstos de carácter comunista-internacionalista o conservadores-nacionalistas.

Para Maritain, todo sistema autocrático o totalitario es antagónico a la existencia del ser humano, puesto que es contraria a la libertad; sin ésta, el hombre pierde su esencia espiritual, convirtiéndose en un autómata al servicio de objetivos políticos finitos, que nada tienen que ver con su realización personal y su evolución anímica.

El comunismo reúne abundantemente las características necesarias para pertenecer a uno de estos tantos dogmas deshumanizadores. Al perseguir su utópico proyecto político colectivista, desvaloriza al hombre convirtiéndolo en un engranaje, esclavo de su ideología y pordiosero de las migajas que el sistema político le arroja.

Por estas y muchas otras razones, la reacción de la Iglesia venezolana, solidarizándose con sus fieles en momentos muy difíciles y deslindándose elegantemente de los lineamientos que provienen del Vaticano, no sólo es lógica, sino consecuente con los principios espirituales más profundos del catolicismo.

Maritain fue muy claro y explicativo en revitalizar estos principios provenientes de la filosofía tomista; no obstante, resulta difícil pensar que su pensamiento no haya sido influenciado por una posición radical en contra del comunismo expuesta por Pio XI en su encíclica Divini Redemptoris.

En ésta se rechaza toda posibilidad de cooperación con partidos o movimientos políticos comunistas, por él definida explícitamente como perversos; textualmente expresó: “Siendo el comunismo intrínsecamente perverso, es imposible, para cualquiera que quiera preservar la civilización cristiana, establecer colaboración alguna con éste”.

La perversidad del comunismo radica principalmente en su predeterminación al empobrecimiento para esclavizar con mayor holgura. Maritain, como la mayoría de las personas vinculadas al catolicismo, conocen muy bien este aspecto. Es por esta razón que la decisión que tome la iglesia venezolana será de vital importancia para la salvación del país y de su libertad.

En una entrevista del 14 de marzo,  Monseñor Ramón Ovidio Pérez Morales expresa que el país debe salir de este abismo;  esta afirmación denota una clara postura muy afín a las raíces del catolicismo y a los preceptos de la encíclica Divini Redemptoris y la humana lucidez de aquel que percibe al comunismo como un abismo. Es esa la actitud que la gran mayoría de la población se espera de la Conferencia Episcopal Venezolana.

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