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Venezuela Futura conversa con el politólogo venezolano Joaquín Ortega

/ agosto 19, 2017 / Venezuela Futura conversa con el politólogo venezolano Joaquín Ortega

Algunos acentos de un tiempo perdido

VF: Se habla mucho de que a los venezolanos nos están aplicando una operación de tipo herradura o de prisión de las emociones. Sería lo más parecido a un experimento de laboratorio, en donde los venezolanos somos unas especies de hámsters, girando en un ruedita y comiendo según el dueño de la jaula. Incluso el profesor Carlos Colina del Ininco habla de un experimento conductista dentro del Metro de Caracas. En este contexto, ¿cómo puede entenderse éste afán por la opresión, la requisa, las operaciones del régimen?

JO: Lo delimitaría como una estrategia de control físico, cognitivo y emocional del totalitarismo en tiempos globalizados. Fíjate: la represión y los asesinatos tuvieron un objetivo y dos métodos: ser visibles y combinar lo azaroso con lo selectivo. El mensaje era claro: nadie está a salvo si no se somete a nuestros designios. Queremos tres cosas: que sientas el dolor, que lo entiendas y que no lo olvides. Ese ha sido el desiderátum del músculo represor desde el 2014 en Táchira. Por otro lado, los resultados cuantitativos publicados de la constituyente refuerzan –simbólicamente- la idea de una mayoría numérica, que debe respaldar a toda tiranía animada por un discurso tumultuario.

 

VF: ¿Cuándo se perdió la AN con Ramos Allup o con Borges? ¿Qué les pasó que nunca arrancaron?

JO: La MUD y la AN perdieron el tiempo valioso que le dio su legitimidad de origen. No cumplieron por torpeza -o colaboración explícita- el mandato popular y se condenaron a su propia muerte por asfixiofilia. Me gusta recordar a Raymond Aron, cuando decía que “la política es el arte de los planes elaborados y de las decisiones sin retorno”. Político de cualquier tendencia que no entienda esto, es un títere del rival, un gran comerciante o peor aún, un tonto que no merece sino el repudio por llevar a la muerte, a la violación y a la tortura a sus connacionales.

 

VF: ¿Podrían hacer algo a estas alturas?

JO: Les propondría asumir el reto de cumplir con lo que prometieron el día 1 de su mandato en 2016. Combinar la Auctoritas con la Potestas sin miedo y ejerciendo enérgicamente las virtudes cívicas, que es lo que reclama el tiempo histórico.

 

VF: ¿Existirían pasos para esto?

JO: Sí. Serían desconocer el poder ejecutivo, al alto mando militar, los poderes marginales  -paramilitares y colectivos- de la violencia y reestablecer el orden republicano, roto en su equilibrio. Se debe reparar la ausencia de  cuidado sobre la soberanía del territorio y de la vida de los venezolanos. La palabra política no es mágica, pero motiva y orienta a las grandes mayorías.

 

VF: ¿En una hipotética transición política qué podría proponerse?

JO: La transición política implica: unión de actores civiles y políticos, propuesta de reestructuración económica, recuperación de la dieta e higiene para los venezolanos, la liberación de los presos políticos, la apertura de mercados -y repatriación de capitales- juicios justos y reciudadanización ética. Todo esto ocurriría con una fuerza política simbólica, que ya se demostró con los votos del 16J.

 

VF:¿La comunidad internacional confía en los interlocutores venezolanos?

JO: La comunidad internacional necesita una cabeza visible de la oposición no colaboracionista con quien enfocarse en disposiciones consensuadas.

 

VF:¿Y si no lo hacen?

 

JO: Si no aparece, igualmente vendrá la ayuda internacional, pero dejándole decisiones de segundo plano a los venezolanos. El proyecto neocomunista con sede en Caracas internacionalizó el conflicto interno desde sus inicios. Si las élites políticas no toman su lugar en la historia, serán pasadas al olvido y al exilio, por su falta de asertividad y sus ambiciones cortoplacistas.

 

VF:¿Qué sería lo peor por venir?

JO: Uno de los peores contextos para las próximas semanas sería uno que eslabone hambre, represión y autopreservación. Venezuela es un laboratorio conductista dirigido por cubanos y chinos. La política ha sido una guerra de asedio y el hambre -y la enfermedad- pudieran fácilmente acabar con un 15% de la población actual en el territorio en seis meses continuos.

 

VF:¿Este escenario trae algo bueno para la libertad o la idea de libertad política? ¿No balcanizaría, es decir no generaría anarquía imponderable en el país?

JO: Lo mejor de ese terrible escenario es que, casi siempre, produce eventos de irredentismo y de atomización de luchas por la libertad. Las luchas llamadas balcanizadas generan un efecto de visualización y clarificación del enemigo, el cual ha sido históricamente la burocracia comunista.

 

VF: ¿Venezuela es un país que produce desequilibrio o solo es un puente para negocios ilegales?

JO: No hay que olvidar que ya Venezuela no es un territorio de paso de drogas sino un nodo del hexágono geopolítico conformado por los decisores militares y financieros en Teherán, La Habana, Shanghái, Lisboa, Montevideo y Caracas. Las economías negras se retroalimentan de la confusión ciudadana de países convertidos en economías de extracción.

@VFutura@ortegabrothers

2 Comment

  1. Lo interesante de esta entrevista es la relación entre lo psico-social y el deber de la política. Por otro lado, eso que Ortega llama la estrategia de control físico, cognitivo y emocional del totalitarismo en tiempos globalizados es algo que alarma porque poco se habla de esta dinamica, sobre todo, tomando en cuenta que este modelo casi totalitarista es aplicable en otras partes. Finalmente, creo que había que sacarle más jugo al entrevistado porque de él he leído cosas, desde mi punto de vista, muy valiosas. Por lo demás recomiendo su lectura y pensar mucho en estos nuevos totalitarismos.

    • gracias Martín 😉
      lo exportable es globalizable…y al revés…y ciertas condiciones aplican
      😉
      J

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