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Replantear la guerra en Venezuela

/ septiembre 24, 2017 / Replantear la guerra en Venezuela

Por @DavidGuenni

Lo primero es entender que se trata de una guerra – y es total. Hay dos bandos beligerantes (la Nación venezolana, cuya patria fue invadida, por un lado, y la Izquierda internacional, invasora de la patria venezolana, por el otro) que se disputan el territorio y la existencia. Como en toda guerra, hay engaño, distracción, sabotaje y operaciones psicológicas. Como en toda guerra, a su vez, hay espías, infiltrados, agentes dobles/triples, quinta-columnas, saboteadores, colaboracionistas, tontos útiles y traidores. Es muy importante comprender cómo operan todos estos actores.

Dicha guerra tiene varias décadas en curso (al menos 8); a lo largo de los años se ha venido manifestando de formas más o menos explícitas, y se lleva a cabo por medios y métodos más o menos heterodoxos. Hablemos de la porción del conflicto que tiene características marcadamente no-convencionales: ese plano comunicacional de esta guerra de aniquilación.

 

La guerra de (des)información

Dentro de las operaciones psicológicas, la guerra informacional juega un papel crucial. Esto es especialmente cierto en Venezuela, en donde la hegemonía comunicacional neomarxista se ha consolidado hasta alcanzar un nivel cercano a sus propios límites. Lo que esto implica es que, si no existiese internet 2.0 (los social media, las redes digitales interactivas, las aplicaciones de conversación instantánea, etc.) y un mínimo de articulación social cara-a-cara, la satrapía comunista instaurada en el país tendría capacidades para fabricar, manipular y/u ocultar a su antojo la realidad percibida. El escenario sería totalmente distópico.

Con el uso de los medios y recursos tradicionales que tiene a su disposición la clase política MUD-PSUV (casi el 100% de los existentes), son pocas las fantasías que no logran posicionar, al menos temporalmente, los maestros de la guerra psicológica del régimen. A ello debemos sumarle las etapas de la subversión cultural e ideológica (desmoralización, desestabilización, insurgencia y normalización) que el marxismo ha venido logrando en las décadas anteriores. Esto último es el “piso” sobre el cual operan.

Para la causa de la Libertad nacional aquello se traduce, en la práctica, en una barrera perenne… un “techo” en la lucha por las mentes y los corazones de los venezolanos promedio – que son víctimas de la conquista espiritual e ingeniería social de Izquierda.

 

Un giro en la estrategia

En lo que un régimen de esta naturaleza nunca a va escatimar gastos es en espionaje (vigilancia) y propaganda: hasta el último de sus días estos dos pilares, junto con la incertidumbre, serán sus mayores prioridades. Este hecho, sólido y comprobable, debe servir de escarmiento y reflexión a la única fuerza que puede y quiere oponerse a la satrapía: la Resistencia. La guerra asimétrica urbana, por citar sólo un ejemplo, es muy efectiva en cierta oportunidad y dentro de ciertas circunstancias, pero, ¿es la prioridad ahorita y en este contexto?

Ahora que el momentum de la táctica de la barricada ha menguado, vale la pena que los estrategas de los movimientos resistentes se piensen estas cosas. Si la MUD debe salir del camino para poder plantearnos un rumbo de victorias reales, pues tenemos que neutralizarla. Si debemos borrarla del escenario, pues tenemos que convertirla en blanco prioritario. Para lograr esto tenemos que antes debilitar su estructura de apoyo y legitimidad, lo cual implica mucho más que llamar a desobedecer, desconocer y/o desacatar. Para debilitarla es necesario minar su base, socavar su fuerza.

¿Cómo va a ser posible que algún día anulemos a la MUD, a nivel nacional, si todavía no podemos demostrarle contundentemente al que es cautivo de su propaganda que la MUD es parte del régimen y que al apoyarla el prisionero sigue cavando su propia tumba? ¿Cómo vamos a demostrar estos y otros puntos indispensables, si no logramos generar pruebas irrefutables, evidencia dura, del colaboracionismo? ¿Y cómo podemos generar este contenido, su sostenibilidad y su correspondiente estructura de difusión, si no contamos con un aparato comunicacional robusto y constante? Todas estas preguntas apuntan hacia un giro en el cómo se conduce nuestra guerra.

 

El frente del siglo XXI

La decisión es bastante directa, aunque difícil de implementar: para desmantelar el aparato del enemigo necesitamos articular nuestra propia maquinaria de guerra informacional. Sin una remoción efectiva de ese velo que el régimen y sus secuaces políticos colocan entre los venezolanos y la realidad, será imposible lograr una victoria antes de la total aniquilación nacional.

Incluso habiendo derramado sangre en el conflicto, quien está hipnotizado/idiotizado/alienado por la propaganda y la manipulación mediática es capaz de seguir prestándose para ser tonto útil de la clase política – porque está programado para llegar a altos niveles de desconexión a través del lavado cerebral.

No se puede ganar una guerra física si tus potenciales tropas son zombis, presas del mensaje del enemigo. El combatiente del frente del siglo XXI es primordialmente un experto en información y comunicación, con dominio de las nuevas tecnologías involucradas. Pero es que, además, el verdadero aficionado de la Libertad es un guerrero de la verdad; no hay causa más importante que ésta.

Por lo tanto es vital que nos sintonicemos con la naturaleza íntima de esta guerra: es una guerra informacional, circunscrita a un conflicto ideológico y cultural que la engloba y antecede; lo que presupone que, en ella, la psicología social y las emociones privan a nivel práctico sobre la racionalidad.

Es imperante “des-programar”: volver a cambiar la percepción de la realidad para retornar al sentido común y poder pasar a la ofensiva. Así que no nos queda otra que convertirnos en expertos conocedores de los mecanismos involucrados. Logramos eso o perecemos todos, zombis incluidos.

 

¡Libertad o nada!

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