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Provocatio ad populum

/ Abril 14, 2017 / Provocatio ad populum

Por @coronilhartmann

La crisis de las instituciones en Venezuela ha alcanzado tal magnitud, que no pude evitar -mañas de viejo profesor de Derecho Romano- que viniese a mi memoria la antigua Lex Valeria, del año 509 Antes de Cristo, que establecía el derecho de cualquier ciudadano romano a apelar al pueblo, en el caso de condenas mayores como la pena capital y ciertas multas muy onerosas. Fue -simple y breve digresión- en plena etapa monárquica de aquella República bastante utópica, una temprana aceptación de que el depositario esencial de la soberanía es el pueblo.

Esa añeja institución es la que de hecho estamos invocando los venezolanos -poco importa si sabemos o no que fue una ley promulgada quinientos años antes del nacimiento del Señor-  al enfrentarnos desarmados, solo llenos de sagrada ira, a un régimen opresor y tiránico, apátrida e insensible a los dolores y carencias colectivos. Provocar, exhortar, recurrir al pueblo, a la fuente originaria, es un derecho inalienable e irrenunciable y a él nos acogemos. Es la última ratio, el postrer recurso ante la creciente amenaza.

Llevo muchos años afirmando que cualquier salida transada, consensuada es mala, porque toda transacción es tramposa cuando la contraparte juega con barajas marcadas y tiene larga experiencia de tahúr y ningún respeto a la voluntad popular. Es necesaria una ruptura, un corte, una transición, para restablecer unas reglas de juego limpias, transparentes, auditables. Los sistemas no se cambian por elecciones, los gobiernos sí, aquí es preciso cambiar un sistema que el electorado nunca sancionó, que entro de estraperlo, es decir de contrabando, en el equipaje de un comandante golpista, imprudentemente sobreseído y que nos ha sido impuesto por maña y fuerza no obstante que lo rechazamos, expresamente, en el referéndum de diciembre del 2007, que contenía la reforma constitucional.

Ayer tuvimos una experiencia traumática, cuando este régimen de alienígenas atropelló, con saña y utilizando sus “colectivos” armados y pagados, una de las mas hermosas manifestaciones del culto católico e imagen fuertemente imbricada en el sentimiento y la tradición caraqueña y venezolana, me refiero al Nazareno de San Pablo, que cada Semana Mayor, hace su procesión saliendo de la Basílica de Santa Teresa. La sagrada misa, había sido oficiada por el Cardenal-Arzobispo de Caracas, Jorge Urosa Savino, el templo tradicionalmente lleno con numerosos niños vistiendo los hábitos del Nazareno, mujeres, ancianos y muchos jóvenes católicos se vio invadido, hollado, por las brigadas de malvivientes que prolijamente armadas, sirven de brigadas de choque a un gobierno ilegítimo y totalmente ajeno a la esencia de la venezolanidad.

Pero no ha sido sólo en Caracas, de todos los confines del país llegan constantemente los reportes de escenas similares, heridos y muertos jalonan cada día de pervivencia de la “revolución bonita”, como la ruina económica y moral del país, es el trofeo execrable de la labor del socialismo del siglo XXI. El Cardenal Porras Cardozo, en memorable texto de ayer, se solidariza y saluda el valor de la juventud venezolana en esta hora de dura prueba, de riesgos asumidos con coraje, sin vacilaciones, sin componendas. El país lo reclama, la sangre de todos los caidos por la libertad es un yo acuso inescapable, no es la hora de hacerse el sueco, es la hora del compromiso militante con Venezuela, con nuestros hijos, con nuestros nietos, también con nuestros muertos, sin vacilaciones ¡A paso de vencedores! como ordenara el general colombiano José María Córdova, en Ayacucho: Venezuela nos necesita…

2 Comment

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  2. “” VENEZUELA NOS NECESITA.””

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