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Paciencia versus urgencia: otro alegato por cierta radicalidad

/ julio 20, 2017 / Paciencia versus urgencia: otro alegato por cierta radicalidad

Por Cristina Barberá

La población que se opone al régimen ya no canta al unísono y observo a muchos aterrados al respecto. Yo por mi parte lo celebro pues lo entiendo como que se ha abierto el espacio a la pluralidad y diversidad. Es innegable así mismo que cada extremo tiende a juzgar y descalificar al otro,  y el terror de muchos se basa en esto precisamente pues lo consideran por un lado una amenaza contra el objetivo común de restablecer el digno derecho a la vida y la libertad porque se proponen vías distintas a las oficiales, y por otro como atentado contra la individualidad.

Yo no lo veo así pues la individualidad no está particularmente centrada en estar todos de acuerdo sino en el respeto a todo lo contrario: que no lo estemos.   Creo así que cuando tenemos posturas muy diferentes al respecto de algo es difícil resistir a la tentación natural de oponernos en el discurso entre unos y otros con firmeza; y esto lo podemos observar en los más altos niveles científicos o intelectuales sin que sea necesariamente peligroso o dañino. Discurso es una cosa y actos es otra, y esta diferencia me parece vital tenerla entre ceja y ceja para resistir tentaciones más concretas; es decir, de actos.

¿Cómo habría hecho Einstein para defender su teoría de la relatividad sino oponiéndose fuertemente a lo convencional de su época? ¿Cómo se acabó la esclavitud de africanos, indios y descendientes en nuestro continente sino por enérgica oposición al estatus quo de entonces?  ¿Cómo se estableció el derecho a ser homosexual en la pos-modernidad?

Por esto y más, tampoco soy de las que defiendo lugares en los que se me presiona a  comprenderlo todo y respetarlo todo pues sino, dicen por ahí en una nueva jerga, te vuelves “chavista”;  y resulta que ese adjetivo se convirtió en un insulto muy usado, desestimando en mi opinión un macrofenómeno social en un país particular y un momento histórico puntual.  Bien es cierto también que el discurso  oficial “chavista” ha sido desde sus inicios totalitario pero no así todos aquellos que se identificaron con él por múltiples variables que no abordaré ahora por cuestiones de foco.

Por otro lado sí puedo comprender que existen diversas fronteras y límites de lo que es aceptable o no para cada quien. Sin embargo es curioso cuando leo un artículo de algún intelectual de renombre llamándonos a comprender y tolerar tantas cosas con las que muchos no estamos de acuerdo porque sino nos volveríamos “chavistas”; no puedo sino pensar en lo paradójico y contradictorio de dicha invitación “reflexiva”. Se llama a tolerar y comprender al mismo tiempo que si no lo haces eres acusado de “totalitario”. ¿Cuál es entonces el mensaje? ¿Está permitido criticar y no estar de acuerdo o eso te hace un intolerante desestimable? ¿Debemos comprenderlo todo? ¿Puedo no estar de acuerdo? ¿Existe un espacio para una sana o respetable intolerancia? Recordando a Thomas Mann: “La tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad”.  Nada fácil  el dilema que se nos presenta.

Los llamados “radicales” desean ser comprendidos por los llamados “conservadores” y viceversa. Cierto es que cada extremo descalifica al otro, pero creo que también nos toca aceptar que la utopía de Unidad Total es inalcanzable aunque el discurso político hacia allá nos haya querido seducir (de bando y bando, que a veces parecieran un discursos en espejo)

Vuelvo entonces a realizar un alegato por cierta radicalidad invitando primero que nada a examinar este calificativo. ¿Lo que conocemos de mundo que nos dice de los radicales? Existen radicales extremos que no dudan en asesinar concretamente a quien se aleje de su postura; por ejemplo ISIS, el KKK, y demás grupos fundamentalistas. Se trata en ese caso de un desacuerdo que pasa la frontera del discurso hacia los actos terribles. Yo no veo eso en Venezuela, por lo menos en la oposición, salvo algunas raras excepciones de lamentables linchamientos.

A aquellos ciudadanos que califican sistemáticamente de “radicales” no los registro asesinando concretamente a nadie que yo sepa; hoy por ejemplo (18 de julio de 2017) andan trancando calles y llamando a la protesta, demandando una prometida Hora Cero por parte de los políticos a quienes les exigen cumplir aquello que sugirieron; no los veo pidiendo más de lo que les fue ofrecido. También los encuentro asustados y alertas ante su examen de la historia reciente, pues después de dar las oportunidades que han considerado necesarias y suficientes perciben patrones que previos de diálogo y fraudes electorales que han sido insuficientes y han alargado la agonía.

Muchos ayer, por ejemplo, se sorprendieron con la propuesta de negociación si se suspende la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) pues no votaron por esto hace dos días por esta opción y se sienten estafados. Debo recordar que cuando este último ciclo de protestas comenzó la ANC no existía en el programa y ahora pareciera ser lo único que importa para ciertas personas y la barajita perfecta de negociación u oferta de victoria. Debo recordar así mismo que aquello que Chávez inició llamado el Plan de la Patria existe hace  muchos años y no es más que la instalación de un Estado Comunal que ha venido desarrollándose, lamentablemente, con todo éxito. Para muestra nuestra cotidianidad y sintonizar estaciones de radio del régimen.

Se dice también desde las élites comunicacionales, intelectuales y políticas que la dictadura está sembrando rumores de negociación. Estas declaraciones, a mí parecer, anulan y desmienten la capacidad y autonomía del ciudadano de hacer sus propias cuentas dejándolos como personas fácilmente manipulables; incapaces de pensar por ellos mismos.  Habría que preguntarse si el desvío del foco de la rebelión desde el derrocamiento de la dictadura hacia la suspensión de la ANC no ha sido manipulativo también.

Yo creo que definitivamente la sociedad ha madurado, que se da cuenta de ciclos conocidos que nos han atrapado en un espiral que no termina de romperse para avanzar en línea recta y por eso reclama y exige mayor coherencia a sus “representantes”.

Así mismo creo también que con frecuencia se revierte la perspectiva con ciertos tonos perversos cuando se acusa a aquellos que reclaman mayor contundencia pues es necesario recordar que quien hace poco habló de hora cero (y esto en el colectivo imaginario refiere a calle sin retorno), quien habló de que lo único que se puede negociar es la salida del régimen, quien prometió que no habría nuevo diálogo ni elecciones con estas autoridades del CNE pero que no terminan tampoco de elegir una nuevas y quienes afirmaron desconocer al régimen en pleno, fueron los “representantes” políticos; presionados por la ciudadanía sin duda. Convocan a la rebelión, sus seguidores los apoyan, pero cuando se expresa en las calles la descalifican porque no obedece a sus lineamientos pues al mismo tiempo exigen una obediencia y confianza absoluta que no se animan a aceptar como golpeada. Ya no hay confianza ciega y hay motivos para ello.

Muchos venezolanos se han sentido defraudados, muchos otros no. Para muchos son injustificables “retrasos” o “estrategias  dilatorias”, para otros es absolutamente comprensible. Sin embargo, el objetivo creo que sigue siendo el mismo. Unos están dispuestos a esperar, otros, y creo que aquellos con mayor angustia de muerte/supervivencia, no. Esto es algo a pensarse, especialmente llamo a pensar sobre paciencia versus urgencia especialmente a aquellos que todavía pueden aguantar esperar versus aquellos que no porque la vida misma está en juego. De eso también de trata la solidaridad. Ponerse en el lugar del otro, en este caso del más necesitado y urgido de cambio.

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