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El ocaso de los ídolos

/ Mayo 18, 2017 / El ocaso de los ídolos

Por @DefendVenezuela de @Rumbo_Libertad

Cuando las civilizaciones están por experimentar una muerte y un renacimiento, son sus ídolos quienes llevan la carga más simbólica del proceso. El «rostro» rápidamente se desintegra y da a luz—con dolores incluidos—a la nueva apariencia del pueblo que nace de este juego de vida.

La Ancièn Venezuela está muriendo, y con ella sus ideales (ídolos), el lastre cultural que vino incubándose desde 1958. Lo que nuestras generaciones anteriores llamaban tan adolescentemente “la buena época”, sin mirar más allá de la baja tasa de cambio, los estelares de RCTV y los “dormíamos con las puertas abiertas” hoy lo estamos enfrentado y poniendo de rodillas. Hoy está muriendo la des-Venezuela, ambos monstruo y abismo se ponen de rodillas clamando misericordia a los jóvenes que ponemos al pasado mirando nuestras espaldas, como una época inferior, lúgubre y leve, sumamente leve.

En esta gran revuelta libertaria, símbolos del Infame de Barinas caen, se desploman y se quiebran, tal como la perversidad frágil de su dictadura. Bustos, estatuas, banderas, vallas, caen por nuestras manos y sufren el honor de nuestras pisadas sobre ellos. Es lo más civilizado que hemos podido ofrecer, de resto… cálense esta batalla que ven en el país. Este es el único honor que merecen, el honor de espada, el honor de nuestra inclemencia.

Destruir la memoria de quien rifó nuestra Nación no es vandalismo, es de los actos más sanos para quienes queremos ser libres de su proyecto. Es pasión, es desbordarse, es renacer de la rectitud que disfrazaba nuestra servidumbre. Sí, que sigan cayendo sus creaciones, que la destrucción también tiene belleza cuando lo destruido maldijo a tu pueblo.

Ya vimos suficientes ojos rojos, ahora vean ustedes nuestros ojos vidriosos entre los escudos. Véanlos en nuestras máscaras de gas, entre la humareda, entre las franelas vueltas caretas, entre las banderas de siete glorias. Estas son las caras que siempre temieron: las caras del pueblo, las caras de la Resistencia. No nos respeten por nuestro honor: témannos por él, corran y escóndanse de cualquier hombre que use el honor como escudo, porque no hay quien frene la promesa del incendio de su espíritu combatiendo la esclavitud.

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