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Limosna, ¿ayuda o condena?

/ enero 13, 2018 / Limosna, ¿ayuda o condena?

Por @SimonBrazonL

En estos días he estado analizando un fenómeno que se ve en muchísimos lugares del mundo: personas pidiendo limosna. Sin embargo, tomé como medidor un sitio algo peculiar donde paso largas horas esperando se haga tiempo de irme a clase: el terminal Big Low, en Carabobo, Venezuela. Escucho cuentos de personas que piden diariamente ahí y se mantienen con eso, no sobreviven, viven con eso.

No existe acto más egoísta (malsano) que dar limosna a alguien por lástima. Solo para sentirnos bien con nosotros y no sentir el peso del remordimiento encima. Darle comida o algo de dinero a alguien no le ayudará a sobrevenir su situación crítica, por lo contrario, lo estimulará a la dependencia.

En estas últimas semanas donde la crisis del efectivo ha afectado tanto la economía, ha bajado el número de personas que tienen disponible algunos billetes sencillos para dar limosna. Curiosamente, jóvenes que en semanas anteriores se encontraban tirados en el piso simulando padecimientos, están ahora cargando maletas, cantando, revendiendo pasajes, limpiando cauchos y vidrios de las unidades de transporte.

Si alguien pasa todos los días por el mercado pidiendo comida y le dan, nunca dejará de hacerlo. Pero el día que no tengan para darle, terminará el ciclo, y esa persona vuelve al estado precario. A veces incluso se molestan e insultan a todo mundo.

Diferente es, si en vez de comida o dinero por lástima, se lo dan por trabajo. Se formará una persona trabajadora e independiente, que poco a poco aprenderá a hacer labores que le servirán en futuro en caso de que ese trabajo se acabe. Podrá ofrecer sus servicios en otro lugar.

Siguiendo con el relato, uno de estos personajes acostumbraba a sentarse con su bolsa de comida y dinero (que acumulaba mendigando) en el mismo banco cada noche, ahí acostumbro yo a esperar la hora de salida y hemos compartido algunas veces. Esta vez, llegó cansado con un tobo y un cepillo, dos tequeños en mano:

“Goldo, la vaina ‘tá arrecha. Ya la gente no le da a uno, hay que trabaja’, hay que trabaja’ pa’ pode’ come’. Lo bueno es que me tratan bien, antes me veían como un animal como si uno pidiera porque quiere, ¿ah?”.

Uno de los pocos casos que han entendido que el trabajo digno (aunque fue obligado por la crisis a llegar ahí) es mejor manera de ganarse el pan. Sin embargo, una vez en el bus esperando la partida, una pasajera, al ver que no quise darle dinero a una señora que subió pidiendo, comentó:

¿No les da dolor ver a esa señora en esa situación? ¿Creen que ella pide porque le da la gana? Por eso es que estamos como estamos, no nos ayudamos entre nosotros.

Debo admitir que me molestó, demasiado. La percepción de que la limosna es una forma de contribuir socialmente con nuestro entorno, tan arraigada en nuestras costumbres es lo que nos está destruyendoTratamos al otro como incapaz, como inhábil. La lástima es lo peor que se puede sentir por otra persona. Sin embargo, no lo vemos, estamos ciegos ante nuestra creencia de que hacemos el bien, mientras estamos destruyendo futuro.

¡No demos limosna! ¡No fomentemos la dependencia! Creemos una cadena donde ganarse el pan a cambio de trabajo digno, sustituya la lástima y la supresión de las capacidades de las personas en situación de calle. Cuando eso suceda veremos menos personas pidiendo comida/dinero en la calle y tendremos más personas ofreciendo servicios.

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