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Henry, ¿el Stanley Milgram venezolano?

/ Marzo 9, 2017 / Henry, ¿el Stanley Milgram venezolano?

Por @MonicaCorrales

Desde hace algunos años, muchos nos preguntan el motivo de la pasmosa permisividad del venezolano frente a la tiranía que nos oprime. Tienden a avergonzar nuestra actitud de pasividad y conformismo, con comparaciones históricas resaltadas por héroes de la talla de Bolívar y Miranda, entre otros.

El día 11 de abril de 2016, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia declaró la inconstitucionalidad de la Ley de Amnistía y Reconciliación Nacional sancionada por la Asamblea Nacional el 29 de marzo.

Para nadie resultó sorpresivo el pronunciamiento, ya que llevamos casi dos décadas condicionados a lo que el psicoanalista Erich Fromm definió como “El Concepto de la conformidad Automática”, en su obra “El miedo a la Libertad”.

Pero, ¿qué nos llevó a la adaptación autómata de sanciones y decretos que violan nuestros derechos fundamentales?. ¿Por qué razón nos adaptamos a un sistema oprobioso sin ejercer la requerida resistencia?. ¿Quién, o quiénes nos condicionaron?.

En días pasados se llevó a cabo dentro del Aula Magna de la Universidad Católica Andrés Bello, un evento que contó con la participación del presidente de la Asamblea Nacional Henry Ramos Allup. Decenas, o cientos de jóvenes, en edades comprendidas entre dieciocho y veinticinco años, se concentraron en la entrada del recinto para poder escuchar el “conversatorio” del sujeto en cuestión.

Con un aforo que hasta el propio Luis Chataing ha debido envidiar, arrancó el discurso -show- que para algunos -inocentes- se ha convertido en una suerte de “libreto humorista”. Mientras que para otros -más analíticos- concordamos en que el “libreto” ha sido concebido estructuralmente para cumplir algunas funciones específicas: reforzar la conducta de la obediencia.

Hacernos abdicar a la responsabilidad individual de luchar por nuestra libertad, sin dejarnos más alternativa que sumarnos a una supuesta mayoría “pacífica, democrática y constitucional”; por ende a su dirigencia.

* Asegurar la estabilidad política.
* Enfocar el voto como única “salida”.
* Reforzar el socialismo/populismo.

No tenemos que hurgar con pinzas para encontrar todos estos elementos en el conjunto de las declaraciones de los líderes, o diputados, que conforman la Mesa de la Unidad. Pero específicamente en el caso que nos ocupa del discurso de Henry Ramos Allup en la UCAB, me atrevo a sugerirle al amigo lector utilizar las “pinzas”.

La confesión pública de sus “amistades impresentables”, obedece a la sinceridad espontánea del orador, ¿o se trata más bien de la intención de afianzar la conducta de la permisividad? Narrar repudiables episodios pasados de Hermann Escarrá infiltrado en la oposición, y al mismo tiempo excusar y justificar la amistad por motivo de “tiempo compartido”. Adjudicarle el calificativo “jocoso” de “Rey Momo” a quien merecidamente algunos preferimos catalogar de TRAIDOR, es solo uno de los ejemplos a los que nos tiene acostumbrados este señor.

Provocar la carcajada de cientos de jóvenes -entre los cuales probablemente se encontraban algunas de las víctimas, o familiares, del aparato opresor del régimen de Nicolás Maduro– mientras les afianzaba la conducta de aceptación del “presidente buena gente”, hizo que recordara a Stanley Milgram y su controversial experimento de psicología social -Experimento Milgram- sobre la obediencia a la autoridad.

La finalidad de la prueba era medir la disposición de los participantes para obedecer órdenes de una autoridad aún cuando estas pudieran entrar en conflicto con su conciencia personal (https://goo.gl/t6Ag5n).

“Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son de enorme importancia, pero dicen muy poco sobre cómo la mayoría de la gente se comporta en situaciones concretas. Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio”.
Stanley Milgram. The Perils of Obedience (Los peligros de la obediencia. 1974)

Encontrar una explicación lógica para descifrar nuestra actitud de sumisión ante atropellos que son inaceptables para otros países y sociedades, debe hacernos reflexionar sobre aspectos psicológicos inducidos. Desde niños nos refuerzan la conducta de la obediencia, mientras la desobediencia es castigada. Poco a poco nos vamos condicionando al “reflejo de la obediencia”.

Nos han estado adaptando a pautas que disfrazan de “sentido del deber” nuestros principios éticos y morales para formar parte de una masa de autómatas programados para la obediencia.

Como en el “Experimento Milgram” los sujetos que cumplen órdenes son capaces de cometer actos atroces y considerarse inocentes, hasta llegar a ver sus actos crueles como simples espectadores.

Desobedecer comienza a verse como normal cuando otros comienzan a desobedecer, por eso el régimen es tan meticuloso en el castigo “ejemplar” contra la deserción de un individuo, es un peligro que podría despertar las conciencias de otros.

¿En qué punto fue que los venezolanos comenzamos a ver la libertad como una idea abstracta? ¿Tenemos miedo a ejercer la libertad? ¿Idealizamos a quienes nos inducen a obedecer órdenes para protegernos de responsabilidades?

Todavía no entendemos por qué el mismo día de la instalación de la Asamblea, no se aprovechó la apertura de un micrófono que estuvo silenciado durante 17 años, para denunciar la pérdida de nuestra soberanía, la entrega de nuestro petróleo a Cuba, la obscena injerencia de la satrapía Castrista en nuestras Fuerzas Armadas, la inexistencia del Acta de defunción de Hugo Chávez, pero sobre todo, la EXIGENCIA de la presentación de la renuncia – si la hubiera- a la nacionalidad colombiana por parte de Nicolás Maduro Moros, independientemente de donde haya nacido, ya que por ser hijo de una madre colombiana y haberse residenciado en territorio colombiano durante su juventud, hecho comprobable porque realizó estudios en una escuela primaria colombiana; nuestra propia Constitución estipula en su artículo 41 que goza de doble nacionalidad, lo cual sería un impedimento para ejercer la Presidencia de la República.

Por qué luego de lo que -aparentemente- fue una lucha titánica por acceder a la palestra, a la cadena nacional y al micrófono; un cursado y veterano político como Henry, prefirió que sus primeras palabras ante el país y el mundo, fuesen un concierto legitimador hacia quien usurpa un cargo. Personalmente perdí la cuenta de las veces que pronunció la rimbombante frase: “Presidente Constitucional de Venezuela”

Nos preguntamos, ¿cómo se sentirán los estudiantes que cometieron el pecado de querer ser libres y rescatar la república -esos que a pesar de todo ingenuamente les votaron- se le diera carácter constitucional a sus días y meses tras las rejas, a sus heridas y cicatrices, a las torturas recibidas?

¿Por qué extraña razón, quienes se suponen adversan al régimen, no aprovecharon la magnífica fecha del pasado Día de La Juventud para darle voz a las víctimas de esta tragedia?

¿Por qué entre tantos héroes anónimos, prefirieron “sacar del sombrero” a un cantante? que si bien es cierto ha ganado merecidamente su fama, también es cierto que para nada representa un simbolo de lucha libertaria.

¿Por qué nos estimulan el acato y la obediencia a las autoridades ilegítimas?

Demasiadas preguntas que aún esperan respuestas… seguramente el tiempo se encargará de darnos luces.

Esta fue la frase que el presidente de la Asamblea Nacional tuvo el atrevimiento de pronunciar para el cierre de su discurso refiriéndose a Nicolás:

“Un rey que nada más es una buena persona, es en realidad un pobre rey”.

Acá le dejo mi respuesta de cierre: “Y un tirano usurpador que nada más es un agente de Castro, es en realidad un peligro para nuestra soberanía y libertad”.

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